Alción.

No te levantes,

Temo que el mundo siga ahí.

Gabriel Zaid

06:00.

Te dije que eso de comerte las nubes te haría mal algún día.

¿Y tú qué sabes? No estás dentro. Las combustiones no se controlan.

Tal vez no dentro, pero estás a un lado; tus saltos en el sueño me despiertan, por lo cálidos o lo terribles que parecen, a través del sudor y tu ritmo, o de una patada que me termina en el suelo. Todo esto es como mirar esas nubes de tormentas sin saber lo que traerán.

Ni al caso, hay otras habitaciones.

Y, no se trata de eso.

06:08.

Tienes la calma otra vez.

¿Dónde?

En tu espalda. Cuando estás tranquila tu espalda tiene una paz de montaña. Como si las corrientes de aire pasaran por tu cintura.

Esos son tus dedos. Y no se sienten como aire, son como pequeños pasos de montañista.

Sí, pero estás quieta y el aire que viene de ti los relaja.

Me siento ligera. Es cierto.

06:10.

Tus dedos se han detenido.

Llegaron a donde querían llegar.

06:14.

¿Te pateé?

No.

¿En qué momento te dormiste?

Una hora y cuarto después de ti.

Soñé el alción, pero fue diferente.

    Qué soñaste.

Esta vez la mar no los alcanzó. Los huevos estuvieron salvos todo el día. Pude volar largamente y no luché. Tanto el mar y el cielo eran dos cuerpos tranquilos mirándose el uno al otro.

06:17.

En verdad que esta vez tu sueño fue muy diferente.

Creo que estás temperándote, mar.

Me alegra mucho que así sea para ti.

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