Desorden del reloj

Me debes horas en las que pensé en ti, noches en las que estúpidamente, te di vueltas buscando una salida, gentes que no vi por hacerte insoportablemente grande, por dejar que invadas el tiempo y cuelgues tu sonrisa en el minutero, con tus ojos marcando la hora y tu voz llenando los segundos.

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