Coincidencias entre el ojo y el oido (I)

I started a joke, wich started the whole world crying

But i didn’t see that the joke was on me

I started to cry, wich started the whole world laughing

Oh, if  i’d only seen that the joke was on me

I started a joke – LOW ( de un cover de los bee gees)

Allí pensé en las lágrimas de la mañana. Estaba intrigado por el hecho de que me hubieran salido; y quise estar solo como si me escondiera para hacer andar un juguete que sin querer había hecho funcionar, hacía pocas horas. Tenía un poco de vergüenza ante mí mismo de ponerme a llorar sin tener pretexto, aunque fuera en broma, como lo había tenido en la mañana. Arrugué la nariz y los ojos, con un poco de timidez para ver si me salían las lágrimas; pero después pensé que no debería buscar el llanto como quien escurre un trapo; tendría que entregarme al hecho con más sinceridad; entonces me puse las manos en la cara. Aquella actitud tuvo algo de serio; me conmoví inesperadamente; sentí como cierta lástima de mí mismo y las lágrimas empezaron a salir.

El cocodrilo – Felisberto Hernandez

Es cierto que nunca ha sido fácil abstraerse sólo a lo que un libro nos cuenta. Los sonidos que acompañan el entorno en el que se pretende leer sin distracciones se van filtrando, a veces interrumpiendo la lectura y otras veces dándole un estímulo que no tenía. Parece que cuando se tiene tiempo de leer nace el interés de percibir ruido, que los sonidos nos interrumpan o se cuelen por debajo de las letras y el ritmo de lo leído se vincule con el ritmo de lo escuchado. Cuestión de gustos y momentos cuando uno modula lo audible en sus espacios de lectura. En lo personal me encanta tropezarme con relaciones música – texto y llegan a ser uniones tan fuertes que la sola lectura remite a la melodía o viceversa. Cómo si le añadiéramos un soundtrack a cada libro y esto tiende a perfeccionarse.

Cuesta creer que la canción y el texto no hayan sido hechas para complementarse; Si escucho “I started a joke” en el cover de LOW me remite a toda la nostalgia que uno puede encontrar en la atmósfera de los cuentos de Felisberto, la melodía parece ser natural de la historia, lenta, contada como si de una confesión penosa se tratase; no sólo puede destacarse el sonido si no  lo preciso de la letra -que este es mérito exclusivo de los Bee Gees- a manera de síntesis del cuento.  Así que fueron necesarios tres ingredientes: la letra de los Bee Gees, la versión de LOW y el cuento de Felisberto (cada una de los tres cosas puede respirar por si sola, vale agregar).

No es necesario ir más allá de prestar el texto y la melodía para que juntos o separados, disfruten tanto de una gran rola como de un gran texto y espero poder añadir con el tiempo más de estas coincidencias.

El cocodrilo (Fuente: Ciudad Seva)

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